EL SISMO QUE LEVANTÓ A MÉXICO

EL SISMO QUE LEVANTÓ A MÉXICO

TEXTO MR. VATO

Mi país ha sido el protagonista de miles de historias de terror tras sobrevivir la furia de la madre naturaleza. Ante los daños, el caos y las pérdidas, me queda claro que los jinetes de la devastación se componen por políticos corruptos, inspectores negligentes, constructoras rapaces y ciudadanos ‘parásito’ quienes sólo servían como críticos de la destacada toma de acción ciudadana. Indiscutiblemente, de no ser por ciertos criminales con licencia para ejercer, muchos desastres urbanos y pérdidas ciudadanas pudieron haber sido evitados y el auxilio pudo haber sido desempeñado de forma más eficiente y solidaria por parte de los poderes ejecutivos. Poco a poco serán exhibidos una vez que el pueblo deje las lágrimas atrás y comience a ver con más claridad la razón por la cual muchos pilares en sus ciudades, estados y nación, estén cuarteados.

La verdad es que la respuesta de la que hemos sido testigos e involucrados en México frente a los terribles estragos del sismo que afectaron en la CDMX, Morelos, Puebla, Guerrero y otras entidades vulnerables no es única en el mundo, es decir, no gozamos de un súper poder mexicano. Está comprobado que ante las tragedias , es un fenómeno universal el afloramiento de un sentido fraternal y de auxilio en generosidad, pasión y compasión. Esto se puede apreciar en casi todas las sociedades. Definitivamente, es mucho más palpable y evidente en sociedades como la mexicana, porque claramente vivimos una bancarrota política, una bancarrota de organización del Estado, y una bancarrota moral porque desafortunadamente a nivel social estamos acostumbrados en los últimos tiempos a ver muertos y sufrimiento por la violencia del narcotráfico y por las pésimas decisiones y tomas de acción por parte de autoridades corruptas e ineficientes que, en consecuencia, causan estragos y una cadena de injusticias ante la población. Es ahí donde reside la bancarrota a la que me refiero.

El reconfortante fenómeno de unión de un pueblo tras una tragedia es algo muy notorio en sociedades como la mexicana; en países tercermundistas con bajos recursos o países en donde el Estado no está bien organizado. En países como Japón, por ejemplo, la gente no sale en hordas para ayudar en situaciones de catástrofe porque sabe que el Estado lo resolverá, y sabe que si les piden algo a la población va a ser marginal, mientras que en México es exactamente lo opuesto. Aquí, el Estado se ve rebasado y entonces salen hordas de personas a la calle con el propósito de ayudar. Reitero, este fenómeno no es único de nuestro país, es una respuesta común de forma universal.

Por un lado aunado a la tragedia es que si el pueblo no tomaba la iniciativa por dar pie a un proceso de rescate, restructuración y apoyo, el gobierno probablemente nunca lo iba a implementar en tiempo y forma como era necesario.  Es cuando la gente toma la iniciativa de auxiliar al prójimo bajo un sentido de supervivencia colectiva, lo cual no solamente habla bien de México a nivel población, sino también de forma universal ante todas las sociedades que frente a  una tragedia, lejos de derrumbarse, trabajan con exquisitas cualidades humanas como la generosidad, empatía, compasión, entrega y, sobre todo, el amor para salir adelante. Esto de manera personal me llena de satisfacción y me hace cómplice al formar parte de las filas de personas que se unieron por el bienestar de aquellos en necesidad. Lejos de sentir una calidez patriótica, lo que realmente siento es un gran orgullo a nivel humano; orgullo gracias a muchas personas con quienes comparto suelo, causas e historias de amor por los demás.

Desafortunadamente, esta necesidad de tomar las riendas en nuestras manos habla muy mal de la logística del gobierno bajo el que nos encontramos, ya que muchos recursos necesarios que deberían estar disponibles en el fondo de desastres, secretarias y delegaciones, no contaban con lo ameritado al desastre y los requerimientos que dejó a su paso el sismo.

QUÉ SUCEDE DESPUÉS DE LAS TRAGEDIAS?

Psicológicamente hay un efecto que se le describe como “luna de miel”, que se da después de una tragedia. Esto expresa que de forma consecuente surge en las personas un cambio de perspectiva, quiere decir que a criterio, las pequeñas cosas pierden importancia, se reactiva un sentido humano que por mucho tiempo sufrió de estar contaminado por los elementos que nos rodean en el diario vivir y debido a los lamentables sucesos con el sismo, nos enfocamos en darle importancia a lo que realmente lo amerita: el hecho de que todos somos seres humanos y le volvemos a dar un valor fundamental a la vida en todas sus expresiones.

La vida es algo que, en nuestro país y a nivel colectivo, había perdido mucho valor tanto a nivel conciencia como a nivel cultural. Tristemente, un acontecimiento tan difícil como el sismo, nos hace concientizarnos y sensibilizarnos ante el hecho de que la vida, aunque majestuosa y constante, también puede ser efímera, momentánea e impredecible, y eso nos lleva al punto de valorar cada momento, a cada persona y el contexto que a cada quién le compone como ser humano; revalorar la vida con una perspectiva más nítida de esta misma.

Asimismo, vivimos en un país donde estamos acostumbrados a ver a los muertos en las noticias, en las calles, en nuestra vida cotidiana gracias al narcotráfico y el crimen. Estamos acostumbrados a tratarnos mal. En grandes ciudades las personas tienden a ser muy insensibles ante su prójimo justificando su falta de empatía gracias al tráfico, la ciudad, la competitividad, y un sentido erróneo de supervivencia urbana.

Un fenómeno psíquico que surge a través de la tragedia es que se detiene la competencia humana y es inmediatamente sustituida por la colaboración. Un valor que en países como en Japón y en Suiza el sentido colaborativo representa un estándar normal de su modus vivendi, a diferencia de nosotros.  En Suiza la sociedad coopera, colabora todo el tiempo, se preocupan el uno por el otro. En países como el nuestro no sucede esto. Somos mucho más competitivos, quizá por la escasez de recursos, la falta de educación, la devaluación de valores morales básicos y/o, porque tenemos unos gobiernos terribles a los que muchas veces imitamos y decimos: ” si el gobierno es corrupto, ¿por qué yo no?”.

Retomando el tema de la colaboración, el desastre presente ante nosotros se convierte en un enemigo común que hay que vencer. Entonces surge una misión conjunta que nos encamina a cambiar de perspectiva y dar pasos distintos a los acostumbrados en nuestro día a día en el tono de sobrevivir en una vida tan competida, fría y cruel.

LOS MILLENIALS Y LAS REDES SOCIALES

Por mucho tiempo se ha criticado severamente la apatía de los Millenials ante diversas causas y movimientos sociopolíticos y culturales en el país. Personalmente, jamás he estado de acuerdo con estas críticas, y no por también ser un millenial sino más bien logro visualizar que, lejos de ser una crítica con un criterio constructivo, es una queja ante la resistencia al cambio cultural que se está presentando en las generaciones contemporáneas cuyos procesos de ejercer las cosas tienen un tinte muy distinto al que se acostumbraba en generaciones previas.  Dicho eso, me fue muy grato ver que estas generaciones que gravitan entre los veintes y treintas salieron a las calles y lograron desde sus redes sociales significantes llamados de ayuda; recaudos de donaciones, gestión de centros de acopio, recolección de víveres, notificaciones de personas, lugares y situaciones que requerían de atención inmediata, al igual que salieron a las calles y forjaron el papel de elementos cooperativos para recoger escombros, ayudaron a los afectados, sirvieron como apoyo al repartir alimentos, brindaron una mano en centros de ayuda, cooperaron en brigadas, entre otras actividades.

ES SOLO VANIDAD

Para mi satisfacción a nivel humano, pude apreciar muchas publicaciones de personas que compartían información muy importante sobre brigadas, centros de acopio, recursos y cuentas para donativos, albergues, necesidades urgentes en puntos específicos de diferentes ciudades, entre otras cosas. Además de darme calor al alma, me hizo sentir un inmenso orgullo porque un gran grupo de personas le dio un uso funcional y cooperativo a las redes sociales, sus publicaciones lejos de simplemente motivar también cumplían con la importantísima labor de facilitar la información exacta sobre cómo y qué hacer para ayudar en momentos críticos de situaciones peligrosas y terribles.

Sin embargo, todo ying tiene un yang y no pude vitar también ser testigo de un alarmante número de publicaciones por personas que tomaron como iniciativa la de criticar a quienes se tomaban la osadía de documentar sus actos humanitarios o de ayuda en redes sociales.  Una de muchas de las publicaciones decía; “La ayuda de corazón debe ser anónima, de lo contrario es vanidad.” Mi pregunta es; ¿el que alguien haga público su acto de ayudar a otros lo hace menos válido o significativo? Es decir, ¿quien recibe ayuda por parte de alguien la valora menos porque esta persona lo documentó y lo compartió en una red social? ¿Para un sediento un vaso de agua le deja de quitar la sed porque quién se lo ofreció se tomó un selfie en el momento?

Me parece triste y lamentable que un selecto grupo de personas se tomaran el tiempo de criticar a quienes ayudan -bajo la naturaleza o motivo que sea. Me cuesta comprender porque les ofende que alguien publique actos de ayuda o generosidad (sean genuinos, montados, con o sin intereses personales) pero no les moleste publicar o leer mensajes de odio explicito, violencia, ignorancia, misógina, homofobia, etc. Al final del día, ayuda es ayuda, y se presente en el formato que se presente, el aportar o ayudar a salvar una vida o facilitar mejores condiciones o experiencias de vida a alguien que lo necesite, es por mucho más importante que lucirse en una red social por destacar sus teorías de conspiración sobre los agentes de cambio -no genuinos- o si el apoyo de las grandes marcas solo sirve para evadir impuestos.

EL GOBIERNO, NECESARIO?

Entre muchas cosas, si algo hemos ganado por medio de esta trágica experiencia es que pudimos probarnos a nosotros mismos como nación que somos autosuficientes en muchos aspectos, que realmente existe un sentido humanitario y compasivo donde la unión hizo la fuerza y la toma de acción inmediata por parte de todos produjo resultados impecables en la manera en que respondimos ante múltiples fenómenos que  atentaron en varias partes del país.

Los mexicanos somos capaces de salir a las calles por causas nobles, a pesar de la bancarrota política y moral en la que se encuentra nuestro país, hemos ganado confianza como ciudadanos demostrándonos que somos capaces de responder de forma apasionada e integral ante necesidades; que como ciudadanos unidos somos muchísimo más poderosos, solidarios y organizados que lo que podríamos esperar del gobierno.  Ahora, esto no quiere decir que el gobierno no haya actuado; debemos darle gracias al ejército, a la marina, y otras entidades e instituciones. Salvo algunos casos, el poder ejecutivo, delegados, el jefe de gobierno y otros servidores públicos han respondido en lo general  correctamente.

También cabe resaltar que gran parte del buen comportamiento gubernamental tiene que ver gracias a la demanda pública ejercida por parte de los ciudadanos al exigir tomas de acción y apoyo económico y logístico, haciendo que el pueblo haga uso de su derecho a exigir al gobierno a que sirva como lo que se supone que debe ser un servicio público para el pueblo que le eligió y que le paga por hacer lo que es mejor para la nación.

Probablemente, un gobierno que constantemente se presenta a sí mismo como ineficiente, corrupto y desenfocado no sea lo que meramente necesitemos los mexicanos, pero en esta experiencia nos hemos comprobado que cuando nos aliamos para sacar adelante una causa noble, lo podemos lograr de forma organizada, transparente y eficiente. Espero tomemos esto como iniciativa en contemplar hacia dónde podemos moldear nuestro menester de un gobierno que cumpla con nuestras necesidades y, de la misma manera aliarnos como ciudadanos para conseguirlo.

Estamos por entrar a un periodo de elecciones, hagamos que nuestra voz y acciones vayan más allá de una queja en redes sociales; tomemos acción y exijamos por encima de una elección de candidatos, sino luchar por entablar una demanda ciudadana por el bien estar de nuestra nación.

No olvidemos que vivimos en un país donde fue un grupo de perros rescatistas los que tocaron el corazón de muchos por su valiente labor de salvar vidas mientras que la clase política luchaba por aferrarse a su presupuesto de campaña electoral y al ser orillados por el grito del pueblo se vieron bajo la obligación moral y social de tomar decisiones solidarias al respeto.

Citando a Denise Dressser – “México no es el país de los diputados o los gobernadores o los burócratas o los líderes sindicales o los monopolistas. Es el país de uno. El país nuestro. Ahora y siempre”. El pueblo se está dando cuenta del poder que tiene, porque el gobierno tiene que temerle al pueblo, no al revés.  El gobierno está para servirle al pueblo, no al revés.

LA DECEPCIÓN

Los días que están por venir me temo probablemente vayan a ser de los más difíciles en este proceso, porque la esperanza de encontrar vida y rescatar a otros deja de estar presente y se empieza a hacer conciencia de lo que se ha perdido. Después del impacto inicial, del shock, de la confusión, del miedo y de la tristeza, viene la concientización sobre la realidad actual y lo que implica dar los pasos por seguir.  Comienzan muchos a percibir situaciones como el tomar acción legal contra los responsables por haber comercializado edificios mal construidos y cuya irresponsabilidad y falta de ética fue facturada con la vida y la seguridad de muchos inocentes. Muchos otros cargan con un fenómeno psicológico que se le describe como “la culpa del sobreviviente”, que significa en pocas palabras que muchos se sienten culpables por haber sobrevivido o seguir con sus vidas cotidianas mientras que otros murieron, se quedaron sin hogar, o siguen sufriendo. “¿Cómo puedo ser feliz o compartirlo mientras que otros viven una tragedia?”.   

Tenemos que tomar con calma que, dentro de la posición que nos haya tocado en el tablero del juego de mesa, debemos caminar un día a la vez.  El transitar en medio de una crisis requiere de un periodo de duelo, de aceptación y de salir adelante con los recursos disponibles y el apoyo que se nos brinde o que tengamos la confianza de buscar.

Probablemente el consejo más útil que pueda compartir en estos momentos, sobre todo a quienes les está tocando vivir las experiencias más adversas es lo siguiente: sobrevive el día, evita pensar que ocurrirá en una semana, en un mes, en tres meses, etc. Busca enfocar tu atención al día de hoy y como transitar en cada hora para que tu situación de vida obtenga alguna forma de optimizarse dentro de las posibilidades. No olvides respirar, contempla, date un tiempo para tu persona y recuerda que ante todo tu bienestar es de suma importancia para tu vitalidad en este momento.  Y lo más importante: ¡recuerda que no estás caminando en soledad! Un país entero está contigo y no pensamos dejar a nadie atrás.

QUÉ HACER PARA UNO MISMO Y LOS DEMÁS 

Debe ser fundamental hacer un esfuerzo por no dejar ir ese sentido fraternal y humano.  Aunque llegue a pasar el shock y dejemos de estar conmovidos por los terribles acontecimientos, hay quienes todavía seguirán sufriendo las consecuencias, ya que han perdido familia, han sido heridos a nivel física, emocional y mentalmente, han perdido su vivienda, pertenencias y mucho más. Por ende, es importante mantener un espíritu activo de hermandad  y prestarnos como elementos cooperativos con quienes necesiten apoyo en la capacidad que podamos brindarlo.

Tratemos de ser respetuosos y evitar expresar imprudencias como “no importa lo material, lo importante es que estás vivo”; imagínense a alguien que le cambia completa y radicalmente su vida porque ya no tiene donde vivir. La empatía muchas veces va más allá del comprender, es tratar de entender al otro y ayudarle de la forma en que esa persona necesita y no condicionar la ayuda a lo que nosotros consideramos mejor.

La prudencia en redes sociales no deja de ser significante; el mexicano se caracteriza por su sentido del humor, pero si ya hemos despertado ante un sentido compasivo por aquellos en posiciones vulnerables, también es importante tomar en cuenta el estado mental y emocional de otros. Es de suma importancia reservarnos hacer bromas de mal gusto, compartir o publicar memes característicos de las circunstancias en relación al tema, así como evitar un espíritu crítico destructivo y mejor compartir mensajes de aliento o motivación, pues al final del día nunca sabemos quién nos está leyendo y si nuestras palabras o comportamiento puedan tener un efecto de impacto en otros.

¡Sigamos donando! En estos momentos es crucial no darle la espalda a quienes quedan desamparados y en situaciones de vida vulnerables, sigamos al pendiente de las necesidades presentes por aquellos afectados en diferentes áreas del país y sigamos donando y canalizando recursos a quienes más los necesitan. A continuación, facilito un listado de plataformas, organizaciones, fundaciones, instituciones y herramientas para seguir brindando nuestro apoyo de forma continua.

CÓMO AUYUDAR

CAMX – Sitio web creado expresamente para reunir la información sobre las mejores formas de ayudar. http://comoayudar.mx/

DONACIONES

Número de cuenta: 65501821470
Nombre: AYUDA SANTANDER
Referencia: 100 AYUDA SANTANDER
Clave pago referenciado: 00100
Clabe: 00145231065501821470

Del mismo modo, Banorte abrió una cuenta para los damnificados de la Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Puebla. La cuenta de este banco es la número 000-000-0019 a nombre de Fundación Banorte. La institución dará un peso por cada peso donado.

Cruz Roja Mexicana
Cuenta en Bancomer: 0404-040406
Clabe: 0121-8000-4040-404062

Fundación Carlos Slim, Telmex y Telcel habilitaron una cuenta en Banco Inbursa para recibir donativos. Por cada peso que se done, ellos aportarán cinco. Además, a través de Telmex se podrán hacer donativos marcando al *5566, por montos de 100, 200, 300 y 500 pesos. Mientras que los clientes de postpago de Telcel pueden hacer estos donativos a través de mensaje de texto al número 55666.
Banco Inbursa, S.A.
Cuenta: 11111111111
Cuenta CLABE: 036180111111111111

Si alguien en CDMX abandonó por seguridad su vivienda y no ha tenido acceso a su antirretroviral, la Red Mexicana de personas con VIH está funcionando para que acudan a su banco de medicamentos y soliciten la dosis que les falta. Francisco Ayala 59, Vista Alegre, 06860. Cuautémoc, CDMX. Tel. 52737308

AMAZON

#AyudarNosMueve, Amazon México, que tiene una lista de las necesidades de la misma Cruz Roja Mexicana para ayudar a las personas que se encuentran en los edificios colapsados y a los heridos. Pulsa aquí para acceder.

FUNDEMEX

La Fundación del Empresariado en México (FUNDAMEX) recibirá donativos en su cuenta bancaria para destinar estos recursos a la atención inmediata de las tareas de emergencias y serán deducibles de impuestos, dijo el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en comunicado.

Los datos de la cuenta son:

A nombre de Fundación del Empresariado en México A.C.
Cuenta: 147134363 BBVA Bancomer
CLABE 012180001471343630

AYUDA A LOS TOPOS

Topos, una brigada de rescate voluntario no gubernamental ni comercial, también recibe donaciones para completar sus labores a estas cuentas:
Santander: 9200-0709-294
CLABE: 0141-8092-0007-092942

AUXILIO E INFORMES

Estas son las líneas de emergencia en la Ciudad de México en las que puedes solicitar auxilio o pedir informes:

911 Número de emergencia
56 58 11 11 Locatel
55 57 57 57 Cruz Roja
071 Comisión Federal de Electricidad
56 54 32 10 Sistema de Aguas

septiembre 19, 2017
SOS ― SISMO EN CDMX

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